viernes, 4 de septiembre de 2026

"Cuando tiré del hilo"



"Cuando tiré del hilo"

 Obra pictórica  basada en el mito del "hilo de Ariadna "

El hilo. Un hilo que siendo ovillo tenga un extremo,

La punta del ovillo, un lugar desde donde comenzar.

La punta del ovillo que permita ingresar en el laberinto

Y salir a buen seguro haciendo un ovillo nuevo.

 

El hilo de Ariadna

Cuenta el mito que el hilo que Ariadna, hija de Minos -Rey de Creta-, entregó a Teseo, héroe ateniense, fue lo que le permitió a éste desandar el vasto laberinto del cual nadie había salido con vida y aun salvar a otros, una vez que acabó con el Minotauro que exigía el sacrificio de los mejores jóvenes atenienses, cada nueve años.

La obra pictórica del proyecto El hilo de Ariadna  fue realizada en el año 2009

"Mi obra  adquiere ese título por que necesité coger la punta del ovillo, un lugar desde donde comenzar, la punta del ovillo que me permitiría ingresar en el laberinto y  salir a buen seguro haciendo un ovillo nuevo, una nueva creación, una nueva obra en la que desnudarme y  no hablar como en anteriores creaciones  sobre lo que me rodea."

            Cuando me propusieron esta exposición pensé  que era un buen momento para volver a mostrarla cambiando su título y añadiendo piezas de lo que estoy realizando actualmente

"Cuando tiré del hilo" Es una obra con la que me siento muy identificada, siendo yo, desde mis tripas, desde mis reflexiones, en su momento me sirvió como un hilo conductor para tirar y salir de ese laberinto en el que a veces te encuentras.

La obra se ha ampliado con piezas más actuales, las luminarias, que estoy desarrollando en mis últimas exposiciones.

Las luminarias están hechas sobre papel sulfurizado   unas pintadas a mano con esmaltes y otras son reproducción digital con referencia a las obras pictóricas, todas se encienden creando una coreografía de luz y color al paso del espectador.

Borges solía decir -reivindicando el símbolo del laberinto sobre el que tanto gustaba discurrir, que si había un laberinto, entonces el hombre estaba salvado pues el laberinto era garantía de arquitectura, en franca oposición al caos. Y esta preferencia borgiana por el laberinto se sostenía aun sin importar si en su centro se hallare el cielo o el infierno.

 

 










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