La instalación Kypros Basoa se presenta como un espacio inmersivo donde luz,
materia y memoria dialogan de forma sutil y constante.
La disposición de las luminarias cilíndricas genera una atmósfera casi
ritual, donde el espectador no solo observa, sino que se ve envuelto en una
experiencia sensorial. La luz, filtrada a través de imágenes fotográficas
impresas sobre papel sulfurizado, no actúa únicamente como elemento funcional,
sino como agente transformador que activa la obra y la convierte en una
coreografía viva que articula lo orgánico y lo inerte. Las imágenes, en
apariencia estáticas, cobran una nueva dimensión en un efecto de vibración que
sugiere vida y reflexiona sobre la naturaleza de la memoria como un flujo de
percepciones que se reactivan en contacto con el presente.
El uso del cobre (Kypros) no se trata solo de un material añadido, sino
de un elemento cargado de significado histórico, físico y espiritual. Uno de
los primeros metales utilizados por el ser humano, remite al origen, a lo
primigenio, a una conexión ancestral con la tierra. Su presencia amplía el
discurso de la obra, vinculando la práctica artística con una genealogía más
amplia que conecta cuerpo, naturaleza y tecnología. El gesto de la pieza
(bucle) no es anecdótico: referencia a la escritura en los inicios de ese
aprendizaje.
Kypros
Basoa no se limita a ser una
instalación estética, sino que propone una experiencia contemplativa que invita
a ralentizar la mirada. Un equilibrio delicado entre lo conceptual y lo
sensorial, que construye un entorno donde la luz no solo ilumina, sino que
revela. Una coreografía entre el espacio, el objeto, la luz
que implica al espectador, física,
sensorial e intelectualmente.
Imágenes de sala


.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)






